Proyecto Arqueológico y Museológico Laguna Blanca

El equipo del Proyecto Arqueológico y Museológico Laguna Blanca empezó sus trabajos en la región de Laguna Blanca (Depto. Belén) a partir de 1992. El 6 de Marzo de 2002, se formalizó como Instituto Interdisciplinario Puneño, unidad de investigación científica que depende del Rectorado de la Universidad Nacional de Catamarca (InIP-UNCA). Gestiona asimismo el Museo Integral de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca (Depto. Belén), creado en 1997. Todos los trabajos realizados están a resguardo de convenios con las 5 comunidades indígenas de la región en consonancia con el Convenio N° 169 de la OIT.

El equipo

Es un equipo de 11 personas, dirigido por el Mgter. Daniel D. Delfino, docente-investigador de la UNCA, e integrado por docentes, investigadores universitarios y estudiantes. Desde el año 1997, recibimos voluntarios que participan tanto de las actividades de terreno en Laguna Blanca, como para desarrollar tareas de gabinete.

Misiones y objetivos

El InIP-UNCA lleva a cabo numerosas tareas científicas y museológicas con el objetivo de desarrollar, promover, difundir la investigación científica de la región puneña, y apoyar la formación de investigadores y los procesos comunitarios locales.

Arqueología

Al comienzo se impulsaron investigaciones particularmente sobre etnoarqueología. Nos enfocamos en tratar de entender los sistemas de asentamiento de poblaciones de base económica agro-ganadera, su estructuración funcional y organización cosmovisional. Además, mediante prospecciones, se recorrieron sistemáticamente y registraron todas las viviendas y estructuras construidas de las dos aldeas más grandes de la región, conocidas como Piedra Negra y Laguna Blanca, ubicadas en el flanco oriental del Nevado de Laguna Blanca. Sobre esta base se realizaron sondeos y excavaciones de asentamientos arqueológicos. Las prospecciones, registros topográficos y arquitectónicos, los sondeos y excavaciones arqueológicos permitieron identificar una amplia variedad de estructuras: de hábitat, de cultivo y riego, actividades en cuevas, etc. Estas investigaciones permiten entender los modos de producción agrícola, los sistemas de irrigación, las tecnologías cerámicas, la organización espacial, las cronologías de ocupación de estas aglomeraciones y las posibles relaciones entre ellas. Así, en Piedra Negra, que cubre 450 hectáreas, registramos 103 viviendas y más de 1200 corrales de cultivo. La Aldea Laguna Blanca cubre 248 hectáreas, e incluye 76 viviendas y 350 corrales. Realizamos sondeos y/o excavaciones por área abierta en 106 de estos espacios arqueológicos, y pudimos dar una datación para 53 de ellos. Sabemos ahora que los comienzos del proceso de sedentarización en estas aldeas tuvieron lugar desde hace 2600 años antes del presente, y podemos afirmar que el territorio estuvo habitado en forma continua, ya que no se observan interrupciones en la ocupación. No existe evidencia para decir que la población fuese mucho más numerosa que la actual.

Esta información resulta especialmente útil y significativa para los pobladores de Laguna Blanca, que transitan procesos de valoración étnica. Así, aportamos al conocimiento de lo que hemos dado en llamar Modo de Vida Comunitario Agrocéntrico. Este modelo nos permite avanzar en la comprensión de las particularidades de la dinámica local, sostenida en características propias que continúan incluso después del impacto producido por los procesos coloniales (v.g. incario, colonia española, estados nacionales). Finalmente, trabajamos en establecer correlaciones entre las temporalidades y periodificaciones indígenas locales y las académicas.

Registros fotográficos realizados por Vladimir Weiser en 1923 y 1924 sobre el arte rupestre de la región habían posibilitado a Ana María Lorandi definir en 1966 el “Estilo N° I, Figurativo Fantástico o de Laguna Blanca” por los personajes fantasmagóricos representados. Realizamos prospecciones sistemáticas para identificar y comprender los distintos procesos estéticos, mejorando nuestro conocimiento sobre sus distribuciones geográficas y relaciones con vías de tránsito. Hallamos así nuevos sitios, cuevas y monolitos con otro tipo de representaciones.

Ciencia Socialmente Útil

La práctica del InIP-UNCA se define como una ciencia socialmente útil, que trata de interpretar y representar con una actitud crítica y reflexiva, los intereses y necesidades de las clases subalternas/subalternizadas como son las poblaciones originarias. Desde el 2015, nuestro equipo pone su experiencia profesional al servicio casi exclusivo de las comunidades indígenas de la región. En este sentido, realizamos las cartografías participativas y los relevamientos territoriales junto con las cinco comunidades locales: La Angostura, Carachi, Laguna Blanca, Corral Blanco y Aguas Calientes.

Nuestro equipo realiza las prospecciones junto con los comuneros, a lo largo de los territorios, para elaborar un inventario de los lugares de uso comunitario, tales como disponibilidad de agua, caminos, viviendas o distintos hitos de memorización, así como los límites territoriales. Por otra parte realizamos el estudio de archivos (documentación inmobiliaria, padrones censales, etc.), a la vez que sistematizamos los acontecimientos rememorados, recuperando la historia oral, conjugando la investigación-acción etnográfica con la arqueológica. Para ello se realizan entrevistas con el fin de registrar la forma de vida tradicional, prácticas, historias y memorias de los comuneros en relación al territorio y a esos lugares reconocidos, así como la reconstrucción de los árboles genealógicos.

Dicho trabajo se concluye con la elaboración de una carpeta técnica que se pone a disposición de la comunidad respectiva y que podrá presentar ante la Justicia para pedir el otorgamiento del título de propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan. Eso es posible gracias al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en la Constitución Nacional (Artículo 75, inciso 17) y por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ese trabajo de relevamiento territorial les proporciona, entre otras cosas, un medio de lucha contra intereses ajenos que amenazan la región.

//www.youtube.com/watch?v=vw9NVyzbC_c&list=PLRtTvzfUYCCIjJMPjlkzUg_IFoEw1bVJf&index=6&t=0s

Así, lo que puede observarse a través de la investigación arqueológica en estos territorios, es una continuidad de las prácticas y el uso del espacio; es decir que las familias que habitan la región, si bien utilizando nuevos instrumentos y tecnologías, siempre mantuvieron su relación con el territorio y el modo de vida concordante. Los comuneros viven en su territorio conforme a un modo de vida tradicional propio de las familias campesinas indígenas. La economía campesina indígena que incluye pastoreo extensivo, trabajo familiar, movilidad estacional y actividades integradas, se basa en prácticas cotidianas, saberes y habilidades específicas que son enseñadas por padres y abuelos, aprendidas e incorporadas por sus hijos y nietos. Habitar en el territorio, por lo tanto, se basa en dichas prácticas, saberes y habilidades “ancestrales”, es decir legadas por quienes los precedieron, produciendo una red inextricable de relaciones entre los sitios y lugares, los animales, las plantas, las otras entidades de la puna, las “personas” y sus ancestros.

Las prácticas y los saberes, inclusive nombrar y marcar el territorio, se incorporan al espacio, se hacen espacio: memoria y territorio se funden habitando el territorio ancestral. Así, los sitios arqueológicos incorporan a los ancestros y a sus historias, como en el caso de los “antigüitos”, es decir los poblados de “los de antes”. Los llamados “antiguos” o “los de antes” son para los comuneros tanto los antiguos habitantes de ese lugar, también definidos como “los indios”, como los antepasados en general. Algunos de estos sitios son conocidos y frecuentados por sus características llamativas, como por ejemplo sitios con arte rupestre.

La memoria de los antepasados, de los antiguos habitantes del lugar, como de los padres y abuelos se enraíza en el territorio, en los poblados abandonados que aquellos dejaron y en las casas entre las cuales estos otros se desplazaron y se sustituyeron unos con otros. Los comuneros se relacionan con los sitios de sus antepasados y su memoria histórica se incorpora al espacio del territorio que habitan. Habitar el territorio implica todo un conjunto de relaciones, prácticas, habilidades y saberes por parte de los comuneros con respecto a las plantas, a los animales y a las muchas entidades sobrehumanas propias de la puna. El territorio por lo tanto es la base de la identidad cultural de sus habitantes.

El territorio comunitario, además de sus aspectos económicos y culturales, es un territorio político e identitario reconocido y reivindicado como tal por sus habitantes-comuneros. La reivindicación de su territorio comunitario además es también una lucha política por los derechos sociales de los comuneros, como el derecho a la salud, a la escuela, a los caminos, al agua potable.

Gestión de los datos

Así, para gestionar las informaciones y materiales procedentes de estas tareas de campo, la sistematización y el análisis de los datos constituye una tarea constante, en la que estamos trabajando cotidianamente. Estos datos se vinculan además con la gestión del Museo Integral. A la fecha, registramos unos 2490 sitios arqueológicos y/o comunitarios en la región de Laguna Blanca, documentados con más de 11.000 fotografías digitales o en papel, e incluso diapositivas, más de 3.300 croquis y planos. Además, cada uno de los más de 40.000 fragmentos materiales colectados está identificado por un número propio y único (hecho con tinta china o en una etiqueta según el tipo de material), que permite estudiarlo sin mezclar sus informaciones con otros objetos. Luego, cada fragmento identificado forma parte de un lote cuyas informaciones y fotos están ingresadas en una base de datos. Así cada elemento puede consultarse en la base sobre criterios como el tipo de material, el estilo, la forma, la decoración, el estado de conservación, etc.

El acervo del museo, conservado en los espacios del Centro de Recepción e Interpretación del Museo en Laguna Blanca, asciende a más de 1800 objetos y lotes, tanto etnográficos como arqueológicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
Open chat
1
¡Hola! Envíanos fotos o vídeos denunciando o contando los sucesos de la ciudad.
Powered by